Cuando el juez le preguntó ¿por qué tuvo que matar?

Fotografía: Lucía Ponce

El otro día, después del concierto de Elvis Perkins in Dearland-Lyon, un tal Damien me preguntó: ¿Cuál es tu cantante favorito? Y yo le respondí brevemente:

“Puedes preguntarme cómo me llamo, qué edad tengo, donde vivo, mi número de la seguridad social; pregúntame qué hora es, cuál es mi bebida favorita, mi programa de televisión favorito, ¿tienes hambre?; pregúntame con quién me acuesto, pregúntame cuál es mi postura preferida en la cama. Pregúntame qué leo antes de dormir, qué será de ti, qué será de mí. Mi mirada no se despega de tu pantalón. Pregúntame qué día me viene la regla. Pregúntame si he estado en Amsterdam, qué hiciste allí. ¿Y en Berlín? ¿Qué es para ti un Gang-Bang? Pídeme que te defina el infinito. ¿Depende la inercia de un cuerpo de su contenido en energía? ¿E=mc2?  Pregúntame cuantos minutos tarda en cocerse un huevo. ¿Qué salvaría de un ataque nuclear? La literatura hispanoamericana. ¿A qué huelen las nubes? ¿Cómo se dice “salud” en alemán? Pregúntame si alguna vez HE MATADO A ALGUIEN (afirmativo) y por qué lo maté. Pregúntame cuantas rayas de cocaína necesito meterme para morir de sobredosis. Pregúntame la talla de mi sujetador si quieres pero NUNCA me preguntes cuál es mi cantante favorito o te pegaré un tiro en la cabeza”.

El pobre Damien tragó saliva y analizó en treinta segundos el repertorio de preguntas posibles. Después, volvió a preguntar.

─Entonces, ¿cuál es el cantante que más escuchas ÚLTIMAMENTE?

─Ah. Elvis Perkins. ¿Y tú?

Gibson Perkins

About these ads