y III

III: Ay, Barcelona. Barcelona. Anoche estuve pensando que Madrid es una ciudad que yo no elegí jamás, simplemente caí ahí, sin pedirle nada a cambio, tal vez un, hazme hueco que no molesto. Donde caben 500.000 provincianos caben 5.000.000 por eso no hubo incidencias, todo salió bien. creo que me fui porque empecé a aburrirme o más bien, no quería aburrirme. Madrid era demasiado fácil y amable, o te ibas o todo estallaría. A BARCELONA le exigí, le rogué, le imploré y le lloré hasta el momento en que me fui, el pregón de ayer de Pérez Andújar (la Mercè) me emocionó pero luego pensé que ni de coña habría sitio para ver a Manu chao cantando la rumba de barcelona, que las calles estarían infectadas de turistas y que todo olería mal y

bueno, me recordó a ese texto del butano que escribí en otoño 2014 -el del REFERÉNDUM, qué época más triste para mí– cuando me largué huí. Cuando volví. hace un par de meses tocaron Joe Crepúsculo y Manu Chao en la plaza mayor de Madrid, los vimos y los gosamos. sin problema. también. esta tarde, por ejemplo, he quedado con un amigo al este de Madrid por el barrio de las Rosas o la Almudena o La Elipa no sé muy bien pero lo miré en google maps y vi que estaba al lado del cementerio y que me daría tiempo a ir a saludar a Francisco Umbral. Vuelvo a lo que va antes del III, esto es, el II El título del texto y el texto en sí, salen de aquí. la web del butano está rota, lo cortapego aquí debajo después de los dos puntos:

Hace tiempo que sólo soy feliz cuando tengo una cerveza en la mano y últimamente estoy tirando demasiado del whisky sin hielo, de la VISA, de los acantilados del Atlántico, del prefijo 91 y de las drogas de farmacia que neutralizan este dolor que no puedo enseñar del todo bien a mis amigas catalanas porque no tengo heridas visibles en la piel y quién no tiene ojeras a partir de los treinta. ¡Qué te voy a contar sobre tener 27 años y querer quemar Barcelona! Saber que toda esa gente que va a la fiesta del cine sólo podrá apreciar tu obra literaria –sobre todo la inédita– cuando no llegues a cumplir los 28 por culpa de (o más bien gracias a) una muerte dramática autoinfligida y alguien de prestigio te dedique una necrológica maja en El País un par de días después. Por cierto, me gustaría mucho que me la escribiera Javier Pérez Andújar así que ya sabéis, cumplid mi último deseo y cuando salga mandadme un ejemplar al infierno, código postal 28001.

En parte, echo de menos los largos inviernos que solía sobrevivir hasta hace unos años: los meses de octubre a marzo cuando dormía todos los días en la misma cama y sólo tenía dinero para beber latas de cervesa-beer y podía pasar horas hablando de literatura, de la historia de la literatura, de si de verdad Víctor Manuel Martínez García, Julio Fuertes Tarín, Pope y yo formaríamos parte de la historia de la literatura, de música, de la música que hacían mis amigos que hacían música, viendo exposiciones en el CCCB, comprando libros en La Central del MACBA, comiendo pasta con tomate, ese tipo de cosas sin 3G que no necesitas que nadie te refrende. En esa época siempre estaba hablando, escribiendo o buscando discos nuevos, todos los 2 de noviembre empezaba a releer Los detectives salvajes, nunca le pedía permiso a nadie para hacer nada y era tan pobre que podía dejar mi casa de Poble Nou ventilando todo el día porque hacía más calor fuera que dentro. También, la ventana del baño estaba rota y sólo me acordaba de que tenía que arreglarla cuando entraba o salía de la ducha pero en el fondo me daba igual porque yo ya sabía que el invierno en Barcelona era de mentira. Ahora vivo en la zona alta de la Diagonal, tengo calefacción central, doble cristal, persianas eléctricas que suben o bajan si doy una palmada, leo mi nombre en la última lista del premio Herralde y además me concedo un montón de caprichos inútiles que no me hacen feliz pero que una vez financiados todavía me dejan con dinero más que suficiente para comprarme todo el Prozac® necesario para salir de casa sonriendo todas las mañanas sintiendo que la vida en Gràcia es un remanso de paz y felicidad infatigable.

Ahora sé que Barcelona entera es de mentira, no sólo su invierno. Estoy pagando todas y cada una de mis reacciones violentas e impulsos románticos y ya no me puedo permitir según qué estímulo. Estoy viajando mucho –quizás demasiado– y para aumentar la diversión voy quemando las naves, las veo arder pero me subo a ellas una y otra vez para dar un nuevo giro de 360º. Intento irPateando paraísos como Arrabal, voy con una bolsita de cianuro colgando de una gargantilla como los espías durante la Segunda Guerra Mundial. Me meto en el baño del AVE con la intención de secarme las lágrimas para consolarme pero pego un nuevo giro y me trago el veneno a la altura de Tardienta. Lo siento, ya no escribo cartas de amor porque me limito a mandar whatsapps, los diálogos profundos los desarrollo usando emoticonos. No tengo tiempo para hostias, ni siquiera para tumbarme sobre mi cama y llorar dramáticamente sobre mis sábanas de IKEA mientras mis doscientos libros me miran desde el suelo. Tampoco sé qué está saliendo bien y qué está saliendo mal exactamente, por qué razón debo alegrarme y por qué motivo debo llorar pero Cela ya escribió cuando estaba vivo que no hay mal que por bien no venga y aquí el que resiste gana. Ahora sé que tengo que portarme bien y si no lo consigo tendré que tener cuidado porque cuando creo que sólo estoy corriendo probablemente esté corriendo peligro. Sé que se puede oír mi corazón latiendo a mil por hora desde la calle, desde cualquier calle de Barcelona, desde cualquier estación de metro de la línea 5. Otra cosa es que alguien se pare a escucharlo y yo pueda usar tranquilamente el adjetivo impertérrito. Yo qué sé, en portugués dictadura se dice anti-democracia y hasta que llegue el momento de Javier redactando mi necrológica, me gustaría poder seguir usando las palabras que me dé la gana.

Hasta este otoño, hasta el último descarrilamiento, yo era una mujer encantadora, conversadora y cariñosa pero muchas veces me ponía insoportable. Sabía cuándo era insoportable pero entonces no hablaba con nadie, me ponía a escribir, me tiraba a la piscina del carrer Perill o me encerraba en la Filmoteca de Catalunya todo el tiempo que considerara necesario. Una de las últimas cosas que hice antes de ponerme la gabardina, vender mis doscientos libros y cerrar la puerta al salir, fue ver una película de terror en el festival de Sitges (creo que se llamaba La Maniobra de Heimlich o algo así) donde salía Lucia Etxebarría diciendo chorradas, donde también salían escritores hablando –pero no recuerdo sus nombres– o tuitstars como @QuimMonzo, quien pestañeaba todo el rato mientras le preguntaban eso de ¿puede ser feliz un escritor? Y ahí, en ese preciso instante de verdadero pánico, nuestro Quim cerraba solemnemente los ojos y en los subtítulos leía que decía algo así como sí, puede que haya escritores felices pero yo no conozco ninguno. Ademas, si son felices su prosa no será buena. Yo dije mierda pero no añadí más comentarios. Respeto mucho a los zombis, a los locos de Barcelona que dirigen orquestas imaginarias y los concursos de talentos donde salen faquires magrebíes. Pero ya no puedo más, amics.

La base de la literatura no es el esfuerzo ni el talento sino el desamor, el desasosiego, la angustia interna, el yo le quiero pero. No tiene sentido escribir sobre lo feliz que está uno porque para eso se inventaron el Instagram, los hashtag #luv #Boyfriend #vibes #smile #yeehu y las selfies con las amigas en el espejo del baño del Apolo. Una imagen vale más que mil palabras y por eso nadie (me incluyo) es capaz de escribir diez líneas seguidas sobre la felicidad que siente. Las gentes salen tan felices en las redes sociales que no parece que la vida de los españoles esté transcurriendo en el apocalipsis, no me olvido que la felicidad es como el hipo y se va con un buen susto. Yo no sé si soy buena escritora –me da igual– pero sé que soy una cuentista que se pone muy contenta cuando está tan triste que no puede caminar y se sienta a llorar en un portal de la calle Bailén esquina Provença hasta que vienen los Mossos d’Esquadra a preguntarle noia, que et cal. Qué bonito, ¿verdad? Mira, la mayoría de los Mossos son hinchas del Real Madrid y si están ahí es porque no aprobaron la oposición de Policía Nacional. Es improbable que me encuentren llorando dramáticamente y se dirijan a mí en ese dialecto del latín que tanto dolor de huesos le produce a España. Ahora en serio, lloré en ese lugar exacto y no pasó nada. En el fondo sé que si estoy triste puedo llamar a cualquiera y desahogarme (¿quién no tiene llamadas gratis en el móvil?) o meterme en un bar y ahogarme en alcohol pero sé que así sólo externalizaría y alargaría la agonía, dejándola pululando y contaminante. Personalmente, no soporto a la gente que le preguntas ¿qué tal? y siempre te responde mal. Ya lo hice saber en su momento, por eso nunca nadie me llama por teléfono cuando está triste, por eso no estoy llamando a nadie estos días. Escuchad, amigos y desconocidos: la única forma de quitarse la angustia es escribiéndola hasta el final, describiéndola en largos párrafos llenos de metáforas. No vayáis por ahí jodiendo al personal con vuestras mierdas, sé que sólo sonreís para la foto. Yo siempre me cuento las angustias (que no son pocas) a mí misma. Me cuento una y otra vez mis preocupaciones mientras me ocupo de ellas hasta que termino de pensarlas y me doy cuenta de que no son angustias sino chorradas, invenciones de mi cabeza que sé que si me las guardo dentro, si no las cuento, no cuentan. Vale, voy a tomarme otro Prozac®. Estoy cansada, tengo las tripas rotas y ni siquiera he pasado 10.000 días sobre el planeta Tierra.

 

trust me, everything’s gonna be fine

el otro día le contaba a YAGO el problema de lavapiés antes de que se produjera él se fue a cádiz con su mujer y el problema se produjo y sentí, se lo dije, que tendría que acabar de escribir eso de todo va a salir bien ¡con otro título! es un título tan bueno que todavía no lo has terminado y ya parece traducido y anoche ya alejada del problema [no es que haya desaparecido, es que me he ido yo] vi The Fight Club y me emocioné, claro que me emocioné, con la escena final. el nuevo título lo puso él. yago vuelve mañana, le iba a mandar el link por GMAIL pero mejor se lo pongo aquí y ya lo verá él cuando pueda quiera.

Travesía del breakfast of champions

Resultado de imagen de glorieta cuatro caminosEn Travesía de Madrid, Umbral escribe a la altura de la glorieta de cuatro caminos que el desayuno es la primera aceptación a la vida. A partir de ahí, ya no tiene sentido matarse, echarse atrás. No recuerdo cómo era la frase y la estoy tecleando de memoria, los recuerdos inventados son los mejores.

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Desayuno desde hace año y medio en el mismo sitio, todas las mañanas digo Hola coma buenos días y como y bebo siempre lo mismo.  Me cuesta 2€ y por eso llevo siempre una moneda en el bolsillo, algunas veces en el palentino sobra dinero y yo guardo la moneda de dos euros para el día siguiente, para la primera aceptación a la vida. En Valencia me explicaron el último domingo de juliol que una cosa es desayunar y otra cosa es asmursá, lo segundo implica realizar la primera comida con más fuerza, Valencia cuna del brunch elektronik. Las chicas a las que confío mi desayuno no saben cómo me llamo, sé que una es de Rumanía y la otra de Getafe, pero las bromas son constantes: el primer día de septiembre que me vieron, se rieron en mi cara. Era su forma de decir, qué bien coma ya estás aquí de vuelta. Si cuesta 2€ desayunar y se desayuna bien es que no es el Mallorca de la calle Serrano ni el VIPS de la glorieta de Quevedo, por supuesto,

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al señor que desayunaba orujo amarillo de hierbas en un vaso de tubo hace meses que no lo le veo, estaba mirando en mis apuntes si había anotado algo sobre estos desayunos tan entrañables, tan fáciles, tan personales pero sin nombre, y es que mis chicas de confianza a la hora de desayunar se dirigen a mí usando siempre un apelativo cariñoso “corazón, amor, chiqui” jamás usan mi nombre -que es como Ana pero más redondo- y cuando se refieren a mí, las les oigo decir “la chiquita” que es como se le llama a las desconocidas en Madrid, chiquitas de una forma cariñosa pero llena de un paternalismo al fin y al cabo que roza lo cursi y es que ya escribió Gómez de la Serna en algún sitio que “lo cursi es todo sentimiento no compartido”.  Tengo un problema en Lavapiés que, si no lo pienso, no duele y me lo quito escribiéndolo. al menos eso hice anoche. Luego, quería escribir sobre una tipeja que desayuna en el mismo sitio que yo, que tampoco sé cómo se llama, que es un poco choni y acomplejada [no puedo desarrollar este último punto] pero dijo que si ESPAÑA NUESTRO REINO estaba perdiendo tantos autónomos [si tantas personitas estaban dejando de pagar la cuota y cerrando el chiringuito]  era porque (sic) los autónomos tienen muchas empresas, no pasa nada por que las cierren. la clase obrera de derechas es algo que me produce ternura, risa y miedo. creo que Albert Rivera debería escribir publicar una columna en el 20 minutos.

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Greguería

/////// Tengan cuidado para no introducir el pie entre coche y andén / las enfermedades de la gran ciudad *ansiedad depresión nervous breakdown* tengan cuidado de no descarrilar.   /////// que yo no sé solucionar muchísimas cosas pero sé volver una y otra vez a los párrafos que me calman, ayer volví a este, que también lo usé en septiembre del año pasado: Of course all life is a process of breaking down, but the blows that do the dramatic side of the work ­­ the big sudden blows that come, or seem to come, from outside ­­ the ones you remember and blame things on and, in moments of weakness, tell your friends about, don’t show their effect all at once. There is another sort of blow that comes from within ­­ that you don’t feel until it’s too late to do anything about it, until you realize with finality that in some regard you will never be as good a man again. The first sort of breakage seems to happen quick ­­ the second kind happens almost without your knowing it but is realized suddenly indeed F.S. Fitzgerald.

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 y luego también está eso bíblico de Kurt Vonnegut en Slaughterhouse 5 Billy had a framed prayer on his office wall which expressed his method for keeping going, even though he was unenthusiastic about living. A lot of patients who saw the prayer on Billy’s wall told him that it helped them to keep going, too. It went like this: “God grant me the serenity to accept the things I cannot change, courage to change the things I can, and wisdom always to tell the difference.” Among the things Billy Pilgrim could not change were the past, the present, and the future y así, distraídos y entreteniéndonos mutuamente, vamos sobreviviendo.

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PD.

 

Ah, y esto se lo leí anoche a Emilio Renzi justo antes de dormir. [Los años felices]

 

a veces llueve

(…) descubrí a pablo und – destruktion porque tenía una canción dedicada a Limónov y él me pareció la evolución natural de nacho vegas, que me había dejado de gustar. por el politiqueo. allí me quedé, aunque en el concierto que le montó Manuela por san isidro, me reconcilié bastante. pablo und me gustaba por bill callahan, al que llegué por smog. por paul. a raquel le gusta mucho también joanna newsom. luego. conocí a un chico de avilés que se parecía muchísimo a pablo und destruktion, aunque cantaba muchísimo mejor y era mucho más bajito. pero era muy guapo y ahora mismo no recuerdo si pablo und es guapo. me encontré a nacho vegas en la cuesta del cholo y le regalé una chapa de El Día del watusi. se la guardó en el bolso y a estas alturas del verano otoño seguro que sigue sin entender nada de lo que le estamos pidiendo. mi héroe josele santiago escribió en babelia el sábado que todo el mundo llega tarde a la celebración del día del watusi, coló una referencia a john fante que me hizo mucha gracia: la hermandad de la w. mañana toca pablo und y voy porque me recuerda al chico de avilés pero allí veré a un tipo de granada que me hace gracia en madrid y, por lo poco que sé, toca el violín. podría averiguar más pero prefiero la sorpresa. y así es como evolucionan las cosas y así es como sigue girando la ruleta. alberto me dijo el otro día que (sic) mi cabeza tenía más giros que la de un hippy puesto de LSD y yo le dije que no se preocupara, que mi santo coño español tenía bien sujeto el timón y que el viento ahora mismo soplaba a mi favor. ayer llovió, las tres primeras palabras de El idioma imposible son: a veces llueve

hoy sale el libro II de los diarios de emilio renzi, el I me chiflaba en primavera 2016

AMAR EN MADRID año 11

esta mañana iba yo en el cercanías leyendo los articulitos de Umbral recopilados en el AMAR EN MADRID y le leí al pasar Atocha una frase que decía algo así como “en Madrid todos vamos envejeciendo sin darnos cuenta” que puede resultar irrelevante pero en realidad no, creo que es muy importante, como que anoche ya dormí a ratos con la sabanita: winter and summer and summer and winter again. Sí que vamos envejeciendo de verdad, también a las afueras de madrid, nick cave tiene unas bolsas enormes en One more TIME With a feeling que la vi onte en Numax.